"La representación supone algo que viene a ocupar el lugar de otra cosa: un objeto, una idea, una persona.

[...] [En las artes visuales] la idea clásica de mímesis como adecuación a la percepción 'natural' del ojo - y sus correlatos: la perspectiva, el realismo, la autenticidad - se vio trastocada por las tendencias de fines del siglo XIX - del impresionismo a la Secesión - y luego por las vanguardias estéticas de principios del siglo XX, que se plantearon prioritariamente como movimientos contra la representación. En el Dadá, el cubismo, el futurismo, el expresionismo o el surrealismo, lo que estaba en juego era justamente la infracción de los cánones, la alteración de la comodidad del ojo, de la costumbre de la mirada. Ya no más el arte como 'reflejo' de la vida (burguesa), sino las formas, el color, las texturas, los temas, autonomizados en sus propias lógicas, en la potencialidad expresiva de nuevos lenguajes capaces de dar cuenta de aquello que corroía el sistema - la automatización, la guerra, la especulación, la hipocresía . y que llevaba al arte, en un movimiento inverso, a querer 'cambiar la vida'."

Arfuch, Leonor. En: Altamirano, Carlos (2002) Términos críticos de la sociología de la cultura. Buenos Aires: Paidos. pp 206, 208.